miércoles, 10 de enero de 2018

La dicha es mucha en la ducha

     -Bliss ist viel in der dusche….- cantaba nuestro conocido filósofo, mientras se relajaba en la bañera.

Sería una tarde relajante. Sólo dedicarse a flotar. Estiró su mano para darle un trago a su cerveza, sin abrir los ojos, porque sabía que la había dejado a su alcance, del lado derecho. Sin embargo, sintió una calidez desconocida rozando su antebrazo. Una calidez que no tenía lugar y que jamás había sentido; una calidez que lejos de asustarlo, le hizo abrir los ojos e incorporarse a averiguar.

     -Was?...- Exclamó anonadado.

Una burbuja que le podría caber en la palma de la mano flotaba a su lado e irradiaba un calor muy agradable.

     -Berta!.. Sie müssen das sehen! - gritó mientras salía de la bañera, cuidando no chocar con la burbuja
     -Ich bin beschäftigt!- le contestó su mujer, del otro lado de la puerta.

Nietzsche se amarró una toalla blanca a la cintura y apuró su cerveza para poder analizar al extraño visitante más de cerca. La burbuja había comenzado a crecer y ahora hacía calor en todo el baño. Sin embargo, sintió más curiosidad que miedo y juntó un poco de agua entre las manos y se la arrojó a aquél extraño objeto. Ahora comenzó a crecer más rápido y a despedir pequeños rayos de energía roja desconocida.
Ahora sí lo había sobrecogido el temor. Quiso dirigirse a la puerta, pero la entidad lo siguió hasta colocarse entre la salida y él para impedírselo. Desafiante como siempre había sido, tomó un banquito de madera para intentar hacer a un lado al visitante

     -Außerhalb!-Le gritó mientras la amenazaba con el banco a la esfera que ahora centelleaba azul.

La burbuja ahora no sólo centelleaba, si no que empezó a succionar con mucha fuerza, tanta que le arrebató el banco de las manos y ahora intentaba absorberlo a él.

     -HILFE!... BERTA!- gritó mientras se detenía del retrete

La esfera lo succionó de una sola vez y todo lo que quedó de él en aquél cuarto de baño fue la humedad de sus huellas en el suelo. Cerró sus ojos al sentir que caía en un infinito vacío que aceleraba cada vez más, despeinando su bigote.
En unos instantes cayó al frío suelo metálico de una oscura habitación sin ventanas.

     -Hilfe!... Gibt es jemanden dort?- Preguntó Friedrich, golpeando la pared metálica más cercana.

Escuchó como se abría una puerta y por la rendija se colaba luz. Era evidente que ya no se encontraba en el cuarto de baño de su hogar.

     -El experimento fue un éxito… Wilkomen, Herr Nietzsche!- Le estrechó una mano un joven vestido totalmente de negro.
     -Wer bist du? ... Wo bin ich? ... Wie bin ich hierher gekommen?- Le cuestionó al joven, mientras se incorporaba e intentaba volver a acomodarse la toalla.
     -Warten… warten- le contestó mientras extendía la palma de su mano, ofreciéndole un auricular con micrófono integrado, haciéndole la seña con la otra mano de que pusiera el adminículo en su oreja derecha.

Intrigado, siguió la instrucción que le habían dado.

     -¿Quién eres?... ¿Cómo llegué aquí?- preguntó Nietzsche, y una voz metálica y monótona hizo de intérprete a través de una bocina localizada a unos metros de él, fuera de la cápsula metálica que acababa de abandonar.
     -Bienvenido, maestro, mi nombre es Rafael. Estamos en el continente Americano, en México, para ser más precisos, esta es la oficina del Partido Humanitario. Lo trajimos aquí para que nos honre con sus conocimientos.

El aparato que se había colocado en la oreja era un traductor en tiempo real. Ahora podía escuchar una traducción en alemán a través del auricular.

     -¿Qué carajo?... ¿Usted inventó todo esto?...- le cuestionó genuinamente intrigado.
     -No exactamente
     -¡Cómo se atreve a sacarme así de mi hogar!... Creo que usted es el que debe compartir su conocimiento conmigo primero… ¡Los viajes en barco tardan semanas y esto fue en un instante!... ¡Y este aparato traductor!... No sabía que tenían esto en América…
     -Bueno, no exactamente… verá… ahora hay cosas más…
     -¿Ahora?
     -Sí… esto es el año 2017. Lo necesitamos para una campaña política que basaremos en sus escritos, sobre todo…
     -¡Válgame!... Usted me está tomando el pelo… casi 200 años en el tiempo… eso no lo creo. ¡Exijo una explicación!... ¡Y ropa!- Lo fulminó con una mirada asesina mientras acomodaba su bigote
     -Tranquilo, acompáñeme… aquí tengo algo de ropa que podría quedarle…tome lo que necesite…

Lo dirigió a una habitación para darle más privacidad. El joven de negro se sentó en una silla que colocó a lado de la puerta para poder seguir conversando con él.

     -Es todo un honor tenerlo aquí, maestro
     -¿Me va a explicar cómo llegué aquí?- le respondió a través de la bocina.
     -Eso no es importante, Herr Nietzsche… nos tiene que ayudar a una campaña política.
     -¿Campaña política?... Bueno, nunca me ha entusiasmado mucho la idea, pero si acepto, tendrá que responder a todo lo que le pregunte y prometer que me va a regresar a mi hogar
     -Hecho.

El hombre de negro sonrió de oreja a oreja. Nada podría detener al partido si contaban con un ideólogo tan importante. Ya podía verse a sí mismo dando su discurso de toma de posesión en el palacio de gobierno.

     -Oiga, qué curiosa bandera tiene aquí colgada en la cabecera de su cama… es una letra “Y” con una línea horizontal cruzando la parte baja… además veo que también tiene una esvástica del otro lado… no sabía que el budismo había llegado a América…
     -¿Budismo?... ah, sí, claro… Bueno, el otro símbolo es el símbolo de una organización de tantas a las que pertenezco…-le contestó nervioso el hombre de negro al filósofo- pero bueno… le voy contando de qué va mi propuesta política. Sé que le va a llamar la atención. Es lo del super hombre. Usted sabe, el hombre superior que tiene el derecho de tomar la voluntad superior sobre las razas inferiores. De tomar lo que nos pertenece sin arrepentirnos, porque somos superiores…
     -¿Pero qué imbecilidad está diciendo?... de eso no trata lo del superhombre, no sea idiota.
     -P-pe-pero… la raza superior, el hombre superior…
     -No, no, no… ¿Alguna vez ha leído algo que yo haya escrito?...
     -No, bueno, no exactamente usted, pero inspirado en usted…-le contestó muy nervioso, con la voz temblorosa- alguien que quiso limpiar al mundo de inferiores comenzando por Europa… varios años después… su legado fue muy importante… nosotros queremos seguir con eso… así de importante es su legado…
     -¿Limpiar al mundo de indeseables?... ¿De qué está hablando?
     -A-a-a-adolf Hitler… quiso que el mundo fuera sólo de los super hombres, maestro…
     -Ay, mierda… ¡No escribí nada de eso!- le contestó furioso mientras abría la puerta. Se había puesto una camiseta de Iron Maiden, unos pantalones de mezclilla y unos tennis deportivos para jugar fútbol que encontró a los pies de la cama.
     -¿Entonces no me va a ayudar?...- le contestó intentando fingir una sonrisa y haciendo una reverencia
     -No. Usted no sabe nada. La comprensión lectora está muerta. Usted la mató.


Friedrich Nietzsche se quitó el aparato de la oreja, azotó la puerta y salió para no volver más a ese laboratorio.

viernes, 29 de diciembre de 2017

Jugando con los tiempos

Tal vez a mí me cautivan tus tiempos De andar distraída y un poco distante, De estar y no estar rondando en mi mente y de olvidarte de mi en otros labios Tal vez me corresponda un tiempo siguiente y logre colarme entre tus sueños de rutinas entre brazos ajenos de lacónico afecto como siempre Quizás me gustas así; tal como eres, como el par de veces que te he visto aunque yo no sepa si tú me quieres Quizás te quiero así; de modo distinto a como él hace que tú desesperes aunque no sepa si sientes lo mismo.


viernes, 20 de noviembre de 2015

Día Internacional de la Memoria Tansgénero

Imagina que de la noche a la mañana todo amanece con el cuerpo lleno de escamas, pero tú no. Imagina además que a nadie le parece raro y todo el mundo actúa como si tener escamas fuera lo "normal" y no sólo no cuestionaran el por qué amanecieron así, si no que se sientan orgullosos de la firmeza y dureza de sus pieles.
Sales a la calle y puedes sentir las miradas acosadoras de los demás: te están juzgando porque eres distinto. Pasas a lado de alguien y ese alguien se hace a un lado y te barre con la mirada. Pasas a lado de un grupo de personas y alcanzas a escuchar sus comentarios.

     -¿Ya viste esa madre?
     -No mames, qué asco...
     -Es tu novia, wey, qué te haces

Pasas el trago amargo con la garganta reseca y te resistes a reclamarles porque sabes que tienes la desventaja y los policías no van a hacer absolutamente nada en tu defensa. Y entonces notas que te sigue un niñito y en toda su inocencia le pone la cerecita al pastel cuando te jala de la mano con sus rugosas manitas:

     -¿Eres niño o niña?

Consideras que a esa edad también hiciste preguntas motivadas por la genuina curiosidad y sin tacto porque los niños no conocen reglas sociales complejas a esa edad y respiras hondo para ponerte en cuclillas y responderle.

     -Mira, yo...
     -¡Quique... deja al señor en paz!...- se acerca un señor y se lo lleva cargando

Y una vez más te tragas el coraje -o no, quizás no-. Debatiéndote en tu fuero interno si detener a explicarles o dejar que se ahoguen en su estupidez.

Más o menos esto es lo que implica tener una identidad que no cuadra con los roles de género tradicionales. Más o menos eso se siente ser transgénero/transexual.

Este tipo de expresiones de violencia son lo mínimo que tienen que vivir las personas transexuales/transgénero/travesti/no-binario. Recuerden que ellxs también son seres humanos y merecen nuestro amor o por lo menos nuestra tolerancia y total inclusión en sociedad. Son nuestrxs hermanxs, nuestrxs amigos, nuestrxs compañerxs.

Dejemos pues de condenarlos y si no podemos, por lo menos seguir el viejo slogan de "Vive y deja vivir". Nunca más adecuado en un país donde los asesinatos por odio están al día.

Hoy, 20 de noviembre, a parte de la revolución mexicana, también es día internacional de la memoria transgénero. Honremos la memoria de quienes fueron asesinadxs por su identidad y respetemos a quienes siguen resistiendo en pie.




domingo, 31 de mayo de 2015

Los N-finales: n+1

     -¿Cómo lo haces?... ¿Por qué no has perdido la razón?... Nuestra nación no es nada más que escombros radioactivos. Pertenecemos al pueblo que inició todo esto. ¿Por qué no te revienta el corazón?. Yo no me he volado la tapa de los sesos porque no tengo una pistola. ¿Pero tú?...
     -Hermano, yo creo que deberías descansar. Medita y encuentra tu paz

El hombre suplicante se tendió en la arena, sobre su costado izquierdo a llorar en posición fetal. Los arapos que llevaba puestos, ennegrecidos por el tiempo contrastaban con el blanquísimo pantalón del gurú, quien estaba ante él sentado en flor de loto sobre una alfombra magenta.

     -Ayúdame a encontrar esa paz. Dime donde buscar
     -Está en ti. Está en tu corazón. Somos responsables, pero también somos responsables de que el mundo sea un lugar un poquito mejor de lo que lo encontramos.
     -¿Pero qué hago? ¡Perdí a toda mi familia!... ¿Cómo sigo adelante?...-le suplicó entre sollozos, poniéndose de rodillas ante el gurú.
     -Todos perdimos algo. Todos lloramos a alguien. Pero precisamente por eso es que tenemos que continuar. Que nada de esto sea en vano. Que aprendamos nuestra lección y nunca nos volvamos a perder como todo lo que sucedió -El gurú cerró los ojos y apretó muy fuerte para no soltar lágrimas y ser fuerte para su pueblo- no podemos olvidar, para no repetir nada de esto como humanidad ni en lo personal. Lo que sí podemos es perdonar y perdonarnos a nosotros mismos. Es el primer paso de un largo viaje
     -Quisiera poder olvidar todo...
     -Muchas veces no se trata de olvidar nada. Se trata de poner los recuerdos, si tú lo quieres, metafóricamente en un museo. Los atesoras, pero al mismo tiempo sabes que de tan valiosos no debes tocarlos ya. No te pertenecen; son de un pasado que ya no será.




lunes, 11 de mayo de 2015

Enedino I: el terror de las cucarachas

Un joven, con sombrero charro café finamente adornado, fumando un puro caminaba con paso firme por las calles del barrio bajo de la ciudad. Sus botines charros repiqueteaban al ritmo de una llovizna que amenazaba con dejarse caer junto con el sol tardío del otoño. Se dirigía sin más a una de las cantinas más sórdidas del país en busca de algo más que licor barato.

Cruzó las puertas de vaiven y se sentó en la acostumbrada mesa del rincón, bajo el retrato de un sonriente José Alfredo Jiménez y llamó al mesero alzando la mano y dando un chiflido corto que sobrepasó la típica música vernácula del lugar.

-Joven, nada más le aviso que cerramos en media hora...
-Lo sé, sólo vine por una cucaracha...
-Por supuesto. ¿Le puedo ofrecer alguna botana?...
-La sangre de todas las inocentes que serán asesinadas hoy
-En un momento, joven- El mesero le guiñó el ojo al comensal, como reconociendo una clave secreta y apresuró el paso tras la barra.

El joven canturreaba una tristísima canción entre bocanadas de humo -uno de los pocos lugares donde se podía fumar, más porque las autoridades brillaban por su ausencia que por otra cosa- y jugueteaba con sus largos y azabaches bigotes. Se bebió sin contemplaciones y de refilón su trago cuando llegó. Sólo estaba haciendo tiempo mientras los despistados comensales desalojaban para darle paso a los matadores y los aficionados a las masacres de cada viernes.

Al final sólo quedaba otro joven vestido completamente de charro y él, además de 3 mesas llenas de curiosos que platicaban estruendosamente entre ellos. Los elegidos. Matadores y espectadores que esperaban ansiosamente mientras los meseros bajaban la cortina del local para que comenzara la función.

Ambos jovenes del jaripeo se levantaron de sus asientos y mecánicamente se dirigieron a la bodega del lugar. 

-¿Listo?...- le dio una última fumada a su puro, restregó las cenizas en un cenicero metálico que estaba convenientemente situado en la esquina más lejana a la puerta y lo dejó ahí.
-Si no lo estuviera, ¿A qué vengo?- el otro muchacho lo observó decidido, con las cejas tupidas arqueadas en un gesto de despreocupación muy forzado.
-¿Vas o voy?
-Voy... ¡Faltaba más!

El joven charro se quitó la chaqueta negra adornada con finos bordados de oro y la dejó en el respaldo de una silla.

-¡Cuídate, cabrón!...- le contestó el joven que se quedaría a esperar su turno en la antesala. Lo conocía de mucho tiempo atrás y a pesar de la rivalidad de la noche, sentía genuíno aprecio por él.
-¡Cuídate tú, que no voy a dejar una viva!...

El hombre cruzó un par de puertas metálicas en mangas de camisa que hacían contraste con su elegante sombrero y los pantalones ajustados e igualmente adornados. 

20 intensos minutos pasaron cuando las puertas dobles se abrieron y el ruido del público no fue suficiente para ahogar una potente voz.

-¡Que pase nuestro siguiente matador!...- Gritó el anunciador de la noche

El joven que antes disfrutaba su puro cruzó las puertas como lo había hecho su amigo y las personas lo recibieron con la misma calidez. Un hombre corpulento y calvo se acercó a él para darle sus aditamentos. 

-¡Reciban con un cálido aplauso a... Enedino Malamuerte!- Gritó el anunciador mientras el interpelado se acomodaba su indumentaria.

Enedino se acomodó la capa en el brazo izquierdo y con el derecho apretó firmemente una lanceta larga como un espadín y ligera como un flotete; un arma única de punta chata que se blandía más para chicotear que para apuñalar o cortar.

-¿Listo?...- le preguntó  el hombre que lo había ataviado

Enedino frunció los ojos y asintió. Aquél hombre salió por una puerta en el extremo de la habitación. Las luces se atenuaron dándole un tinte macabro a las paredes, el piso y el techo, amarillentos cochambrosos y llenos de manchas. Las personas miraban ansiosas a través de un improvisado muro de plexiglas que una trampilla se alzó en el suelo: la acción había comenzado.

El matador cubrió parcialmente su rostro con la capa y se alistó para asestar el primer golpe. Una marea café de patitas ocre empapó el recinto de horror, pero Enedino no temió y se acercó para comenzar la macabra danza.

Miles de cucharachas se desplazaron hacia él. Comenzó a caminar sobre ellas con enorme agilidad y a golpear a diestra y siniestra, al fin que por sus números cada golpe garantizaba algunas bajas. Crujían y aquellas que podían volar se avalanzaron a su rostro. El público gritaba horrorizado.

-¡No mames, qué asco!- Alcanzó a escuchar a una chica que gritaba con singular fuerza y asco.

El ejército marrón no fue rival para el joven Malamuerte. Quedaron reducidas a un amasijo de cuerpos rotos y secreciones. Alas, antenas, cabezas, patas y torsos que todavía se movían estaban en todo alrededor. Incluso se le vio escupir con insistencia en varias ocasiones. Las luces se encendieron y el juez checó el reloj. Había exterminado el mismo volúmen de bicharrajos que su rival, pero con 5 minutos de ventaja. La experiencia había triunfado una vez más.

Llamaron a ambos competidores para la entrega del premio -muy buenos 5 mil pesitos- y ambos se abrazaron en una actitud de deportivismo y buena voluntad que le hizo retorcer el estómago a algunos miembros del público, puesto que todavía tenían restos de cadáveres no sólo en la ropa si no en el cabello, en la cara y en el vello facial. 

-¡Buena esa mi Enedino, felicidades!
-¡Lo sé, mi cuadripack... a ver cuando me alcanzas!

En eso los azules llegaron al recinto y tumbaron la puerta por donde entraron los competidores. Tanto el público como los organizadores que pudieron se dieron a la fuga como pudieron para evitar problemas y del cuadripack tampoco se supo nada. Tumbaron al joven Malamuerte en el piso, luego de hacerle manita de puerco, estrellándole la cara en el antihigiénico suelo. 

-¡Queda arrestado por crímenes contra las blattarias, todo lo que diga será usado en su contra!
-¡Exijo a mi abogado!- repeló el vencedor vencido

Y sin oponer resistencia, dejó que lo pusieran de pie entre dos oficiales y le esposaran los brazos a la espalda. Ni si quiera se quejó cuando le golpearon -presuntamente- por accidente la cabeza al subirlo a la parte de atrás de la patrulla.


lunes, 4 de mayo de 2015

Reflexión: Mujeres inalcanzables

Hoy en la mañana mientras desayunaba escuché el murmullo del televisor en un programa del canal 13 en el que "humorísticamente" hablaban de cómo sería el mundo ideal de los hombres (o del mínimo común múltiplo, por lo menos). 

-"Un mundo donde no haya mujeres inalcanzables", decía el intento de comediante.

En primera, eso del "mundo ideal para los hombres" es una generalización muy burda. ¿Para todos los hombres?. ¿Qué hay de los homosexuales?, ¿De los asexuales?, ¿De quienes practican cualquier forma no-heterosexual y/o no monogámica de relaciones sexo-afectivas?. Claro, como dije, es del mímimo común múltiplo. Esto es, un arquetipo con el que se sentirían identificadas las masas más comunes del pueblo: tanto en estatus socioeconómico como en niveles culturales y demás.

En segunda. ¿Mujeres inalcanzables?. ¿Quienes son las "alcanzables"?. Se me hace insultante la forma en la que se maneja a las mujeres como un 'objetivo' (¿objeto?) para la conquista de los hombres en los medios de comunicación.

No debe haber un prototipo de "mujer inalcanzable", como tampoco debe haber una "alcanzable". Esto no es (o no debería ser) una competencia entre hombres para ver quien "alcanza" más mujeres o quien "alcanza" a la "inalcanzable". La química sexo-afectiva entre un hombre y una mujer (qué conste que sólo estoy hablando de relaciones heterosexuales y monogámicas desde que es el único punto de vista que conozco por experiencia) debe surgir solita: no debería ser un esfuerzo del hombre para ver si logra llenar las espectativas de la mujer en cuestión o viceversa; porque si no, se reduciría a una simple transacción de oferta-demanda.

Las cosas en el amor (que conste que ahora no solo en el punto de vista heterosexual, si no en el punto de vista del amor y no de la búsqueda de placeres sexuales: esto es un capítulo muy a parte) no deben ser reducidas a "quien merece a quien" o "quien alcanza a quien", si no entre quienes se saben entender, convivir y soñar juntos.



Pero a mí no me hagan caso, quizás llegué a todas esas conclusiones porque las quesadillas de huitlacoche no estaban en el mejor de los estados.

jueves, 16 de abril de 2015

Vía libre

Con un montón de folders manila bajo el brazo izquierdo y una humeante taza de café en la otra mano, llegó apurado a su oficina a intentar terminar de revisar los expedientes antes de que terminara de amanecer. Tendría aproximadamente 2 horas, así que apresuró a prender la computadora de su escritorio, sentarse y teclear su acceso al sistema.
Bebió el primer sorbo que le arrebarataría la pesadez de haberse despertado antes de lo que dictaba su rutina y abrió el primer folder, leyendo el resumen del comunicado en la primera página. Quizás sería peor de lo que mentalmente se había preparado.
-Que bueno que ya estás aquí- le interrumpió la voz de una somnolienta mujer joven, oculta por la oscuridad. Probablemente hubiera sido buena idea encender las luces antes de comenzar a trabajar.
-¿Qué...?- Intentó replicar, pero lo inusual de la situación le impidió formular una pregunta entera
Ella salió de las sombras y se sentó en la silla diametralmente opuesta a la de él, subiendo los pies al escritorio en actitud desenfadada
-Demonios..-ella bostezó- ¿Qué hora es?...
-Las cinco de la mañana.- Le contestó él sin retirar los ojos del expediente
-Tengo sueño...
-Entonces duérmete, pero que no sea en mi escritorio. Tengo mucho qué hacer.
-¡No!- le contestó- necesito hablar contigo. ¿Puedo tomarle a tu cafe?
-Mira, tú... tú...
-Raquél
-Mira, Raquél... Estoy muy ocupado. Necesito por lo menos leer todo esto en una hora, antes de algunas reuniones que me llevarán el resto del día. ¿Qué necesitas?...- el hombre le respondió con desesperación.
-Bueno, no es complicado- ella se levantó de la silla y acomodó otras dos para improvisar una cama donde se recostó -Creo que nos podemos ayudar mutuamente
-¿Tú crees?... ¿En qué puedes ayudarme?... Es ilegal que contrate preadolescentes y menos como asistentes personales... la prensa me comería...
-Tengo 23
-¡Vaya!... Bien por tí, eres traga años.
-La cosa es que tengo un super poder- contestó y se estiró ante la incomodidad de los intersticios entre las sillas que se encajaban en su espalda, subiendo los pies al escritorio otra vez.
-Ese escritorio es muy antiguo, sabes...- le replicó él.
-Sí, ya sé qué es lo que estás pensando: que soy sólo una chica loca de la calle. Pero realmente tengo un super poder. O algo. No sabría cómo llamarlo.
-En serio, este mueble tiene más de cien años en este lugar. Baja los pies, por favor.
-Me di cuenta cuando era chica...- continuó con la narración, sin bajar los pies de la antiquísima madera.
Él gruñó y alzó la vista del montón de papeles que tenía entre manos.

-Mis padres eran alcohólicos. Ambos. No me golpeaban ni nada, pero eran alcohólicos. Gente no muy grata. De cualquier modo, algunas veces acompañaba a mi padre al bar donde a todo el mundo le caía bien. Yo era cómo la mascota del lugar. Nadie se quejaba.
Él me llevaba incluso cuando mi mamá murió. Quizás pensaba que era mejor para una chiquilla de 10 años el estar en un bar a estar sola en casa sin supervisión. Estaba bien. Nunca me molestó y nadie se metió conmigo.
Sin embargo, una vez hubo una redada y los policías entraron al lugar porque llegó el rumor de que vendían licor a menores y los dejaban pasar sin pedir identificaciones, incluso cuando venían uniformados de algún colegio cercano. Técnicamente los policías debieron llevarme con todos los preadolescentes que estaban ahí aquella vez. Esa debió ser una pista, pero era muy joven para darme cuenta.
-¿Darte de cuenta de qué?
- Ya te darás cuenta... - lo interrumpió.

Él puso los ojos en blanco, entre la incredulidad y la impaciencia.

-Cuando tenía 12, mi padre me envió al Oxxo de la esquina a comprar una botella de alcohol barato, de esos que pueden dejarte ciego. Sabía que no me lo venderían si iba sola, pero me dijo que podía quedarme con el cambio, así que ¿Por qué quejarse?
Cuando llegué ahí, el lugar estaba siendo asaltado. Ese barrio nunca fue muy seguro; la escena no era poco común. 2 tipos enmascarados tenían a ambos dependientes en el suelo (el que te cobra y el que te dice “en la otra caja, joven”), apuntándoles con escopetas en la espalda, mientras un tercero intentaba llevarse la caja registradora.
Yo les pregunté si podía llevarme algunas botellas y uno de los que estaba en el suelo me contestó que tomara las que yo gustara. Así que tomé dos botellas y atiborré mi mochila con cuanta comida chatarra pude, puse el billete de a cien sobre el mostrador, les di las gracias y me fui. Nadie me detuvo ni preguntó nada, ni me siguieron. Continuaron con el asalto como si le quitaran la pausa a una película.

-Bueno, tuviste suerte de que no te dispararan o te tomaran como rehén. De cualquier forma sigo sin ver un super poder.

-Shh... -se incorporó y se sentó en la orilla del escritorio, poniéndole el dedo índice entre los labios momentáneamente antes de continuar. - Cuando tenía 14, me juntaba con las más bonitas de la secundaria. Siempre salía con los más guapos. Me la pasaba muy bien. Me pasaban la tarea y siempre me anotaron en los trabajos de equipo, aunque nunca hiciera nada. ¡Hasta los profesores me ponían calificaciones que claramente no merecía!. ¿Sabes cómo le hacía?... ¡Me sentaba en sus pupitres!... ¡Así como le estoy haciendo contigo!.
Solamente pedía algo y me lo daban. Nadie nunca me negó nada. Permisos, excusas, justificantes... ¡Hacía lo que yo quería!. Naturalmente todos se querían juntar conmigo y yo los trataba como me venía en gana...

-Así que... tú poder es ser manipuladora...- Otra vez la interrumpió al ver el reloj de su computadora de reojo. Le quedaban menos de 40 minutos.

-No seas idiota, déjame terminar... -lo interrumpió ella, y con bastante soberbia se bebió el resto de café de su taza tricolor- De cualquier modo, llegué a la preparatoria. Ya no era virgen, pero podía hacer muchos milagros... Tenía 16 cuando comencé a divertirme con mis compañeritos. Nada muy loco, pero sí muchos novios en esos 5 largos años.
Una vez, poco antes de cumplir los 18, estaba con mi novio en su casa, cuando su mamá regresó a casa sin avisar (supuestamente regresaría de sus clases de zumba, pero ese día no había ido el instructor o algo así). Debo mencionar que era una familia ultra conservadora, de la vela perpetua y ella pensaba que su hijo era un jovencito inocente, casto y puro. Como podrás imaginar, estábamos muy “ocupados” para escuchar la puerta de la entrada abrirse y tampoco escuchamos cómo subía las escaleras. Sólo nos dio tiempo de cubrirnos con una sábana cuando abrió la puerta de su cuarto (porque tenía cama matrimonial y era muy incómodo hacerlo en una individual).
Sólo nos quedamos mirándola y ella a nosotros. ¿Sabes qué hizo?... ¡Nos dijo que iba a ordenar comida china y bajó las escaleras, cómo si nada!. Es lo más raro que me había pasado hasta ese entonces...

-Bueno, tal vez no supo cómo reaccionar -él especuló, genuinamente intrigado- Supongo que les dio un severo castigo después...

-Nada de eso. Nunca se molestó conmigo. Siempre me dio la bienvenida a su casa, incluso cuando llegaba a deshoras y sin avisar. Me podía quedar a dormir con él y hasta nos cedía su habitación y ella dormía en la sala. Así fue hasta que lo dejé. Era un perdedor sin caracter, créeme... siempre hacía lo que yo le decía y al instante...
En fin... me costó mucho trabajo terminar la preparatoria. No pensaba que pudiera quedar en ninguna universidad (mucho menos la UNAM) y mi papá no podía pagar colegiaturas muy elevadas, así que supuse que ya era tiempo de dejar de ser una carga para él, así que dejé de estudiar y conseguí un trabajo como mesera. Luego lo perdí porque a veces me daba demasiada flojera ir a trabajar...
Sin embargo, no me fue mal. Tuve muchos trabajos a corto plazo (de esos que siempre anuncian en los periódicos amarillistas). Vivía en un cuarto de azotea en una vecindad tan vieja que empezaba a caerse a pedazos, pero pagaba la mísera cantidad de 200 pesos al mes con todo y agua, luz y gas. Pero un día estaba cayendo una tormenta épica, con granizos y toda la cosa, cuando la mitad del cuarto se desmoronó y me quedé viviendo casi el aire libre, con una lona de un anuncio político como único techo.
Con la temporada de lluvias a un mes de terminar, decidí que era tiempo de guardar mis tiliches y meterme en la primera casa que viera y echarme a quien sea que estuviera dentro. Al menos los policías me llevarían a la cárcel, donde no me faltarían techo y comida.
Así que eso mismo hice. Sin nada de silencio ni sutilidad. Rompí el cristal de una casa que quedaba muy cerca del centro histórico con un ladrillo, quité cuidadosamente los restos de cristal del borde de la ventana y me metí, en plena noche.
Me colé en la oscuridad a una bonita sala de piel y me senté en el sillón a esperar. Cómo 10 segundos después encendieron las luces. Un hombre petrificado me veía desde el último escalón, con el torso desnudo y la panza de fuera. Con un palo de escoba en la mano y una mujer mirando, justo detrás de él.
Entonces el hombre suspiró aliviado y apagó la luz. Murmuraron algo y se subieron como si no hubiera pasado absolutamente nada.
-Espera... ¿Qué?.- Le preguntó él, totalmente asombrado. Al demonio la junta. Esta historia era algo que no hubiera podido imaginar si no se lo contaban.
-Sí... así mismo.
-Eso no tiene sentido...
-Lo sé, yo tampoco lo entendí...- movió la cabeza de arriba a abajo, sin dejar de verlo a los ojos.
-¿Nunca antes los habías visto, o algo?
-No... te digo que fue una casa cualquiera, pudo ser cualquier casa. ¿Puedo continuar?
-Sí, claro...
-Bueno, como sea... me quedé en su casa desde entonces y nunca se han quejado directamente. Platican conmigo y podría decirse que me tratan como de la familia. Nunca me han pedido que me vaya, aunque a veces escucho cuchicheos que me hacen pensar que los incomodo.
Es entonces cuando me empecé a dar cuenta de algo. Nunca me han corrido de ningún lugar. En la vida.
Decidí poner esta habilidad a prueba. Algo pequeño para empezar. Fui a un banco y me colé en la fila, aunque había tanta gente que el último cliente estaba casi a la salida de la sucursal. Me pasé en frente de todos. Nadie se quejó cuando me puse adelante del cliente que estaba a punto de ser atendido (ni él mismo). Así que decidí seguir calando la situación.
Tenían una puerta de seguridad, de esas con teclados numéricos, que se sellan por dentro. Me salí de la fila y esperé a que una de las empleadas pasara. Me colé justo detrás de ella y nadie dijo nada. Incluso la saludé y me presenté. Ella me devolvió el saludo y también se presentó. La seguí a su lugar y me puse detrás de ella. En cuanto tuvo una transacción, tomé un fajo de billetes de la máquina que los reparte y los guardé en mi bolsa de mano. Entonces sí me reclamó. Le pedí disculpas y puse el dinero de vuelta en la bandeja de la máquina. “Soy nueva”, le dije y todo el mundo siguió como si nada.

-¿En serio?- le preguntó él, rascándose la incrédula cabeza.
-Sí, en serio...
-Deja de inventar cosas, eso no pasó... debieron llamar a seguridad en cuanto alguien que no fuera personal autorizado cruzara la puerta...
-Continué con las pruebas los días siguientes -ella procedió con su historia sin prestarle atención- Hasta donde yo entiendo, es como si las personas creyeran que tengo que estar ahí.
-Sí, definitivamente estás inventando.. ya, deja de quitarme el tiempo...-volvió a fijar la vista en el documento que había dejado a un lado.

-No, no, no... -le arrebató las hojas hábilmente, forzando el contacto visual, dejándolas de su lado del escritorio- te aseguro que todo esto es verdad, pero tiene limitaciones. Las personas deben pensar que yo tengo una razón para estar en ese lugar, y sólo puedo actuar cómo ellos esperan que actúe. Una vez robé medicamentos de una farmacia, para ver qué pasaba. Sólo salté el mostrador, abrí un paquete de Valium y lo guardé en un frasco vacío que llevaba y me lo guardé en el bolsillo cuando me dio la espalda. El hombre que atendía la farmacia ni si quiera me volteó a ver; sólo de reojo. Las personas que trabajan en una farmacia deben manipular medicamentos, a diferencia de lo que hice en el banco: no se supone que quienes trabajan ahí se guarden el dinero en la bolsa. ¿Ves?.

-Lo que veo es que me sigues quitando el tiempo... bonita historia, quizás deberías escribir cuentos para niños, pero no veo cómo eso me puede ayudar en algo...
-Creo que puedo trabajar para ti. Necesito un trabajo estable y un buen salario. Puedo espiar para ti.
-¿A quienes?...- le preguntó, sobresaltado por la última frase
-¡A quién quieras!. Estoy segura de que hay miles de grupos en los que quisieras meter las narices. Podría meterme en sus reuniones y quedarme ahi calladita, tomando notas si dicen algo de ti... Literalmente, lo que quieras...
-Ahhh... -suspiró- si todos tus cuentos fueran verdad, entonces sí, podrías servirme de mucho... no a muchas personas les parezco muy agradable y lo sabes. Pero... ¿Cómo esperas que le crea a alguien que me acaba de contar la historia más fantasiosa que jamás había escuchado?...
Ella se incorporó para inclinarse y verlo muy de cerca, pero desde arriba.

-No lo sé, señor presidente... Usted dirá...